El lado humano de la ciberseguridad: el frente menos atendido y más riesgoso de las empresas modernas
Cuando se habla de ciberseguridad, casi siempre se piensa en tecnología. Hackers, firewalls, antivirus, licencias, backups, ataques deliberados, la nube. Algunas organizaciones ya invierten de forma consistente en prevención tecnológica y están familiarizadas con esos términos. Otras están dando sus primeros pasos. Pero, independientemente del nivel de madurez, en la mayoría de las empresas persiste el mismo punto ciego: el lado humano de la seguridad. Donde la tecnología deja de alcanzar La ciberseguridad no falla únicamente por falta de herramientas. Falla cuando la forma en que las personas usan sus accesos queda fuera del radar. Usuarios, permisos, excepciones, urgencias, accesos “temporales” que se vuelven permanentes. Todo eso construye una realidad operativa que la tecnología, por sí sola, no puede corregir. En las personas se concentra hoy la mayor vulnerabilidad: por encima de lo que muchas soluciones técnicas pueden prevenir o bloquear. El riesgo no nace de errores, sino de decisiones inocentes En la práctica, los mayores riesgos no aparecen por malas intenciones ni por descuido, sino por decisiones cotidianas y perfectamente razonables: Nada de esto parece peligroso en el momento. El problema aparece cuando estas decisiones se acumulan y nunca se revisan en conjunto. Cuando lo excepcional se vuelve normal



